Las artes marciales son mucho más que un deporte de combate: son una escuela de vida donde se forjan valores como la disciplina, la constancia y la perseverancia. Esta es la historia de tres jóvenes grancanarios que, guiados por un maestro excepcional, se han convertido en referentes internacionales.

Julio y Pablo Ojeda: unidos por la pasión

Los hermanos mellizos Julio y Pablo Ojeda comenzaron su camino en las artes marciales con tan solo ocho años, siguiendo los pasos de su padre. Al principio, como cualquier niño de esa edad, preferían jugar que entrenar. Pero poco a poco, la dinámica del tatami les atrapó y descubrieron que este deporte les conectaba consigo mismos.

Su primera competición fue en 2023, y desde entonces no han dejado de cosechar éxitos. Pablo acumula en su palmarés títulos impresionantes: oro en el Campeonato de Europa de Taekwondo ITF en Londres, subcampeón de España de Kempo, campeón de la Copa del Mundo en Italia y doble campeón en la Copa del Mundo de Tailandia.

Para estos hermanos, entrenar juntos es una ventaja única. Se impulsan mutuamente y comparten el sueño de seguir creciendo. Julio tiene claro su futuro: estudiar derecho o empresariales y algún día abrir su propio gimnasio para transmitir todo lo que ha aprendido.

Leisi Moreno: cuatro veces campeona de Europa

Leisi Moreno lleva las artes marciales en la sangre. Hija del maestro Ángel Luis Moreno, pisó el tatami por primera vez cuando apenas tenía tres años. Como ella misma reconoce, hubo momentos difíciles, especialmente durante la adolescencia, pero nunca abandonó porque el deporte se convirtió en su refugio y su forma de expresarse.

Hoy, Leisi puede presumir de ser cuatro veces campeona de Europa de Taekwondo ITF, oro en Kickboxing, campeona en la Copa del Mundo de Italia y en la Copa del Gobierno de Canarias. Actualmente estudia bachillerato mientras sueña con ser Guardia Civil o formar parte del Ejército del Aire.

Ángel Luis Moreno: el maestro que los forjó

Detrás de estos jóvenes campeones está Ángel Luis Moreno, fundador del Club Granbudo y maestro desde 1990. Su historia personal es especialmente inspiradora: comenzó a practicar artes marciales en 1983 porque sufría bullying en el colegio.

Aquella decisión de aprender a defenderse se transformó con los años en una vocación por enseñar. Hoy transmite a sus alumnos que las artes marciales no son para hacer daño, sino para desarrollar autocontrol y seguridad interior. Como él mismo afirma: «La persona que pega es porque es insegura».

Valores que trascienden el tatami

La rutina de estos jóvenes deportistas no es fácil: salen del instituto, entrenan hasta las nueve de la noche y después estudian. Pero tienen claro que el esfuerzo tiene su recompensa y que los estudios siempre son prioritarios.

El Club Granbudo demuestra que el deporte puede ser una herramienta poderosa de transformación personal y social. Estos tres guerreros son el ejemplo de que, con el apoyo adecuado y la determinación necesaria, los jóvenes canarios pueden conquistar el mundo.

Fundación Ojusa apoya iniciativas deportivas que fomentan valores positivos en la juventud canaria.