Cuando Ángel Luis Moreno tenía 6 años, sufría bullying en el colegio. Era un niño pequeño, callado, el blanco perfecto para los abusones del patio. Un día, su padre tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre: apuntarlo a Taekwon-Do.

Era 1983. Las artes marciales no eran tan populares como hoy. No había escuelas en cada barrio ni películas de superhéroes practicando patadas voladoras. Pero algo en ese gimnasio conectó con el pequeño Ángel Luis.

Los primeros años

«Al principio iba obligado», recuerda. «Pero pronto empecé a disfrutar. El tatami era el único lugar donde me sentía seguro, donde nadie se reía de mí. Ahí todos éramos iguales.»

El bullying no desapareció de inmediato, pero Ángel Luis había encontrado algo más importante: autoconfianza. «No es que dejara de tener miedo. Es que aprendí que podía enfrentarme al miedo.»

De alumno a maestro

Con los años, Ángel Luis fue subiendo de cinturón. A los 13 años ya ayudaba a enseñar a los más pequeños. A los 17, obtuvo su cinturón negro. En 1990, con solo 13 años de práctica, empezó a dar clases oficialmente.

«Enseñar me parecía una forma de devolver lo que el Taekwon-Do me había dado. Cada niño tímido que entraba en el gimnasio me recordaba a mí mismo.»

Fundación del Club GranBudo

Después de años enseñando en diferentes gimnasios, en 2014 Ángel Luis fundó el Club GranBudo. El nombre combina «Gran» (por Gran Canaria) y «Budo» (el camino marcial japonés).

«Quería crear un espacio donde las artes marciales fueran más que deporte. Un lugar donde los niños aprendieran valores, donde las familias fueran parte del proyecto.»

Una filosofía diferente

El método de Ángel Luis es conocido por su paciencia y su enfoque en los valores. «No me importa si un alumno tarda más en aprender una patada. Me importa que aprenda respeto, disciplina, humildad. Las técnicas vienen después.»

Esta filosofía ha dado frutos. El Club GranBudo ha producido campeones de Europa y del mundo, pero Ángel Luis se enorgullece más de otras cosas: «Los alumnos que estudian una carrera, los que montan su negocio, los que son buenas personas. Esa es la verdadera victoria.»

40 años después

Hoy, con más de 40 años de experiencia, Ángel Luis sigue en el tatami cada día. Sigue siendo el primero en llegar y el último en irse. Sigue viajando con sus atletas a competiciones internacionales.

«El niño que sufría bullying en el patio sigue aquí dentro», dice. «Pero ahora puede ayudar a otros niños a encontrar su camino. Eso es lo más bonito de todo.»


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